Piense cada uno lo que quiera, que en esto del pensar cada cual tiene su aquel, pero no me digan que son ustedes de aquellos que a la hora de beber en compañía recuerdan al día siguiente lo estupendo que es periquito o menganito y lo bien que lo pasamos con la fatídica regla de tres “divertido es igual al cuadrado del vino sumado a la inversa de la distancia de las señoras”. Es lo que llamamos los licenciados vitales un simplismo del
quince. Y es que, llegado el momento, somos incapaces de diferenciar el objetivo del método, el camino del destino, la trama del desenlace.
quince. Y es que, llegado el momento, somos incapaces de diferenciar el objetivo del método, el camino del destino, la trama del desenlace.
Un buen amigo, de los que saben lo que dicen, me recordaba hace poco “todo final tuvo un principio”, mientras charlábamos de fotografía a la vista de unas copas de vino. Y ciertamente es así, como dudarlo, pero viniendo de quien venía me di cuenta de inmediato de que la frase tenía mucha más enjundia.
En este mundo nuestro, donde nos hemos especializado en el consumo compulsivo hasta de los sentimientos, devoramos a nuestros amigos y seres queridos entre plato y plato, entre copa y copa, y terminado el evento bastante tenemos si recordamos el camino a casa.
¡Ay, Fernando!, claro que te entiendo.
La próxima vez que le muestren a ustedes una copa vacía no piensen con qué llenarla sino con quién compartirla.

PRECIOSO¡¡¡¡¡
ResponderEliminarMe encanta la última frase...con los años una va aprendiendo a valorar más y mejor la buena compañía y los buenos momentos compartidos...
ResponderEliminarAlmudena.-